martes, 18 de febrero de 2014

Leonardo Sbaraglia - “Siempre me estoy yendo”


Conserva el automóvil Twingo que compró en 1998, la misma mujer y el representante. Lo otro que mantiene Leonardo Sbaraglia es su espíritu errante, la necesidad desesperante de ir y venir, sin culpas. Ahora está de vuelta de México, pero por las dudas no desarma valijas. Hoy estrenará la serie por la que se mudó tres meses al Distrito Federal (Dos lunas, a la medianoche, por Mundo Fox) después de un periplo por España y la Argentina. Ese que de niño incendiaba hormigueros y caminaba por cornisas a la búsqueda de emociones extremas, supo encontrar su ritmo cardíaco ideal en los aviones: “Siempre me estoy yendo. Soy amante del movimiento. Moviéndome aprendí mucho de mí”.

¿Qué aprendiste?

Soy gitano. Uno aprende viajando y trabajando en diferentes condiciones. En cada lugar te exigen cosas nuevas y eso es como empezar siempre de nuevo. Fue mi tercera vez en México. En 1997, cuando presentamos Cenizas del paraíso en el Festival de Guadalajara, se me acercaron productoras de Televisa y les dije que no era el camino que estaba buscando.
¿Y cuál era el camino?

Este que hice. El de crecer. La telenovela no es lo mío, aunque respeto mucho el género. Contratos millonarios, pero no me interesaba forrarme de plata.
En México compusiste a un argentino. ¿El personaje tiene la cuota de arrogancia nuestra?

Sí, un tipo con mucho poder, seguro de sí mismo, pero al mismo tiempo sensible, lleno de contradicciones. Es una serie dura. Los mexicanos son bien duros en su lenguaje. Este es un tipo de la noche que toda su vida se dedicó a producir música, muy metido en el rock. De una relación con una mexicana nació su hija. La mujer muere y él se queda con esa niña que no habla por haber sufrido un trauma del que nos enteraremos con el tiempo. Lo amenazan con que perderá la tutela de la nena y se teje una columna vertebral de la historia que es la relación de padre y nena, lo que me hizo reflexionar mucho en mi propio rol de padre.